El Arte de hacer Arte.

[Texto para el catálogo de la exposición de alumnos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna, en la sala de arte La Granja en Santa Cruz de Tenerife. Mayo-Junio 2012]



Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y, en cien batallas,
no correrás jamás el más mínimo peligro.”
(Sun Tzu,El Arte de la Guerra)

Todavía a día de hoy, o posiblemente más a menudo a día de hoy, se discute en foro públicos o corrillos privados acerca de si el arte se puede enseñar o no. Si este es un tipo de conocimiento transmisible y acumulable, o si más bien se trata de un quehacer particular ligado a la experiencia vital. De ser así, una persona observadora y sensible, con una mente abierta al mundo que se presenta ante sus ojos, podría extraer una serie de ideas o cualidades de su tiempo, que le empuje a hacer uso de las herramientas artísticas para manifestar dichas ideas y cualidades. Por parte de los defensores de los estudios artísticos, se defiende que el desarrollo de las artes plásticas se ha ido complicando y especializando, sobre todo a raíz del último siglo, y por tanto se necesitan una serie de nociones y orientaciones básicas. Para no caer en la ingenuidad. O para no descubrir la pólvora. Por supuesto, esto no son compartimentos estancos, ni mucho menos dos lugares comunes. Son dos pinceladas, a grosso modo, para comprender diferentes visiones acerca de la formación artística. Las variantes y ramificaciones acerca del pensamiento sobre estas cuestiones son diversas y complejas, incluso se afectan entre ellas y saltan de un lado a otro. Es fácil encontrar a alguien dentro de la academia echando por tierra la institución a la que representa, o algún autodidacta incitando a leer más sobre historias del arte.

Una licenciatura, un máster y algunos cuantos viajes por el mundo me ha costado entender que ambos tienen razón. La Academia, o más concretamente la Universidad quien se ha hecho cargo del grueso de los estudios artísticos en la actualidad, ofrece el conjunto de elementos, herramientas y datos que todo joven artista debiera conocer. Lo ofrece, además, en packs compartimentados y ordenados, facilitando la asimilación rápida y progresiva de lo que parece, discutible o no, lecciones elementales para el candidato a artista. Por otro lado, las artes plásticas no son más que otra de las manifestaciones físicas de la cultura de una sociedad. El arte de cada momento responde a las circunstancias de su época y contexto. Como la propia cultura, no es algo fijo y único, sino cambiante, alterable, complejo e inter-dependiente. Se podría hablar de tantos modelos de arte como personas y sus cosmovisiones estén dispuestas a aceptarlo como tal. Ante este espectro de posibilidades tan amplio, ¿cómo unos estudios concretos, condensados en apenas unos pocos años, pueden tener la capacidad de certificar la enseñanza del completo de las prácticas artísticas?

Entonces, llegado a este punto podríamos asumir que lo único que puede ofrecer los estudios artísticos son unas nociones básicas, unas notas de aviso antes de lanzarse al vacío, un paracaídas que cada uno deberá saber usar y una palmadita en el trasero antes de saltar. Sin una persona atenta, con una capacidad crítica y una sensibilidad despierta, ningún certificado ni título podrá garantizar que aterrices primero con los pies y no con la cabeza. Si bien una carrera Universitaria de Bellas Artes no puede transmitir todo los saberes acumulados por la humanidad en sus años sobre la tierra, si puede brindar un pequeño espacio de confort donde realizar los primeros experimentos. Antes de saltar.

Y lo cierto es, que lo más interesante de la Universidad no son las clases, ni los temarios, ni tan siquiera ese profesor tan majo y culto que tanto te gusta. Lo más interesante es tener un espacio donde encontrar y conocer gente con tus mismas inquietudes, con la que compartir conocimientos, descubrimientos y el camino que lleva de ser un novato tímido y torpe a la persona que termina sus estudios, enfocando su presente para construir el futuro. Recuerdo un día, aún estudiando en la facultad, que vino a hablar a los alumnos el artista Pipo Hernández. Con su lenguaje sencillo y directo nos habló de su tiempo de estudiante. Hablaba de la facultad como un ring de boxeo, donde se iba a hacer guantes, a partirse la cara, a colar ganchos. Comentaba que era el lugar perfecto para probar, intentar, tantear, enfrentarse al mundo. Ahí, si te caías te podías levantar, siempre con los guantes puestos, atento a los embates y dispuesto a lanzar tu golpe. Con los años, creo que Pipo decía esto porque realmente le gustaba el boxeo. Además, es una de esas personas de las que desprende que las lecciones más importante que ha aprendido, han sido en la calle. Aún así, me pareció una metáfora evocadora.

Los alumnos que se presentan en esta ocasión, a la exposición anual de la facultad de Bellas Artes, Berna, Ithaisa, Margarita, Mariana, Miriam, Óscar, Rubén y Sheila, vienen a partirse la cara. Tras algunos años haciendo sus pruebas, tanteando ideas, experimentando recursos y buscando una poética personal, se presentan públicamente para confrontar sus resultados con el resto de la sociedad. Para algunos será su primera exposición, otros ya atesorarán alguna experiencia previa. Pero siempre una exposición es un punto de inflexión, un momento en el que el artista puede hacer una evaluación del trabajo y su recepción, y en el que el público puede tomar el pulso a la cantera artística y a las nuevas propuestas. Además, al tratarse de una exposición universitaria, se puede testar el estado de los estudios artísticos en la actualidad.

Por tanto, la presente exposición tendría un valor contextual. Se entiende en el contexto que la contiene, el académico, como parte intrínseca a un proceso de aprendizaje y formación, así como asociada a la búsqueda de conocimiento. De algún tipo de conocimiento que accione al pensamiento y a una actitud crítica, que construya y de-construya discursos. Empresa que en la actualidad, entre tanto fluir de información y mercancía de ideas, necesita de dosis de valentía y un poco de locura.

De la otra parte, se encuentra el contexto social en el que se encuentran estos artistas noveles, el cuál es difícil de obviar, teniendo en cuenta la intensidad del año que hemos dejado atrás. El 2011 ha sido un año convulso, colmado de disturbios y acontecimientos con ansia transformadora, ánimos de cambio y actitud emprendedora. Desde la inicial revuelta en Túnez, que pronto se propago por la mayoría del mundo árabe, pasando por los movimientos sociales que se activaron en toda Europa y se propagaron por el resto del mundo. Hasta el punto de que el tan disputado puesto de personalidad del año, escogida por la revista estadounidense TIME, se ha concedido al protestante, la figura modélica que traspasa geografías, naciones y estados sociales. Los aires de transformación e incertidumbre llegan hasta las obras de estos artistas, quienes renuncian a la alienación ideológica a ningún movimiento artístico o moda estética, para avanzar y orientarse en los pantanosos terrenos de la experimentación y la especulación. También resaltan las imágenes de violencia, así como la violencia de las imágenes, en los trabajos expuestos, trabajando a partir de archivos policiales y periodísticos. En la mayoría de los artistas predomina el manejo de interrogantes y forzamiento de las propias imágenes y los que nos cuentan. La puesta en cuestión del contenido de la imágenes y su recepción, acercándose al posicionamiento de la crítica moderna de la representación.

Pero si algo cabe destacar de este ambiente novedoso y diferenciado, es el cambio de paradigma que acarrea en las prácticas artísticas. El paulatino abandono de los creadores del padrinazgo institucional, así como el cambio en las estrategias de estas, prepara el escenario para el surgimiento de nuevas oportunidades y otra forma de democratización del tejido cultural. El trabajo colaborativo, el esfuerzo compartido, la inversión de energías y capital en proyectos comunes, la creación y consolidación de redes y la multiplicidad de emprendedores independientes, formas de trabajo de las que se ha venido hablando mucho e implementando lentamente en lo que vamos de S. XXI, ahora funcionan como modus operandi en la mayoría de centros culturales. En el cambio de paradigma que se está produciendo, en el que se reflexiona a la vez que se trabaja activamente sobre el propio cambio, surgen nuevos modelos de actuación interesantes. Dentro del campo institucional, se esta produciendo el desplazamiento de la producción de proyectos propios “originales” a la coproducción de proyectos entre varias instituciones, creando redes de intercambio y colaboración. El trabajo en equipo prepondera en la era digital, virtual y materialmente. Así, no es baladí el hecho de que el catálogo presente sea un encargo de la Facultad de Bellas Artes de La Laguna a la editorial independiente La Piscina, formada de manera autónoma por alumnos egresados de la misma facultad. Quienes a su vez me han encargado a mí, otro ex-alumno que trabaja de manera independiente, la confección de este mismo texto. Así se crea una red de trabajo y de intercambio de conocimientos entre profesionales de un mismo sector, que al mismo tiempo actúan en un mismo contexto. Puede entenderse como otra formalización más del eslogan, post-colonial y sostenible, “Piensa globalmente, Actúa localmente”, ya que intervienen actores de un mismo entorno, pero que trabajan sobre parámetros de interés global. Las obras presentadas por este grupo de artistas, así como las bases sobre las que se plantea y diseña este catálogo, texto incluido, están en consonancia con cuestiones, ideas y problemáticas sobre las que se trabajan en gran parte del planeta.
Con este énfasis en el proceso de producción de todo lo que atañe a esta exposición, desde la germinación de la propuesta en los despachos del equipo directivo de la facultad de bellas artes, hasta la presentación pública de la muestra y la puesta en circulación de la publicación, se pretende formular el procedimiento total de gestión y materialización del proyecto en un modelo de operatividad enfocado en el sector artístico, principalmente a los propios artistas y demás figuras afines, como comisarios independientes y críticos de arte.

Una idea esclarecedora se puede extraer de esta exposición. Los artistas que se presentan en esta ocasión no son iguales a los que han pasado por aquí antes. Sus herramientas pueden parecer las mismas y las formas derivadas de ellas también, pero su situación es otra, sus intereses son otros, sus objetivos son otros y sus ambiciones son otras. Si tuviera que remarcar en una sola frase el trabajo de estos ocho creadores, dejadme que tome prestada la expresión de Óscar Hernández, uno de los artistas de esta exposición: Yo no quiero ser artista.





Arístides Santana,
en Las Palmas de Gran Canaria, 20 de Abril de 2012.

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